Un bolso de rafia y un colgante para combatir el miedo

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Guardó su móvil en el bolso de rafia

Había decidido pasar página. La historia con Mario se había terminado. Se arregló, metió el móvil en el bolso de rafia y pensó que el miedo no la haría desaprovechar esos momentos únicos, mágicos, en los que te sientes a gusto en tu piel, en los que todo adquiere un significado a tu alrededor, en los que oyes tu respiración y sientes el aire fresco que entra en tus pulmones, inundando tu interior de vida, esa vida que se pasa en un rato a la que te descuidas demasiado.

Volver a rehacerse no era sencillo, después de haber permanecido en una burbuja de pareja durante más de una década. Había quedado con varios amigos para tomar algo, esperaba recuperar ese tiempo juntos que, en los últimos años se había ido reduciendo a medida que su relación con Mario se hacía más fuerte.

La calle respiraba fuego y húmedos cuerpos en aquella noche de San Juan. Ella todavía no lo sabía, pero sus pasos temblaron ante la puerta del destino. Estuvieron recorriendo varios bares, mientras se ponían al día con sus vidas. Llevaba sin ver a Carlos más de cinco años, desde la última “quedada” de la panda. Salieron del último garito y empezaron a caminar.

Una noche para saltar hogueras

colgante-ondasLa luna les envolvía en la blancura del anonimato, permitiendo confidencias. Ella se acarició suavemente su colgante mágico y tiró la caña, pero él no se rendía. Esa noche necesitaba sentirse diosa y sus artes malignas surtieron finalmente su efecto. Y él cayó, como Adán, ante su dulce veneno. Cuando el día despuntaba volvió la culpa y se encerró en su atalaya de cristal. Más la Eva sin principios, serpiente urdidora de mágicos ungüentos, luchó contra esos soldados del miedo. Y venció -sólo a medias- a la maldita Penélope que seguía dentro.

Pensó que nada cambia, aunque todo parezca diferente. Y decidió saltar la hoguera y dejar la ciudad que le quemaba por dentro y por fuera, allí donde no oyera nada más que la voz del mar. “Carpe diem”, se dijo mientras escuchaba la maravillosa “Escuela de calor”.

 

 

 

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