Reflejos de deseo en un cristal

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Lamauri.-Collar-Nata-detalle

El deseo se refleja en los destellos del cristal

Los reflejos en el cristal del colgante me hicieron revivir aquella noche en la que la calle respiraba fuego y húmedos cuerpos. Me sentía perdida y seguí el brillo de las risas hasta que mis pasos temblaron ante tu puerta. Eras mi amigo y me llevaste en volandas a una fiesta. Seguíamos el enloquecedor y reiterativo ritmo de una música que nos envolvía, mientras los destellos de las luces acariciaban nuestros cuerpos. Estuvimos bailando, riendo, acercándonos, mirándonos, rozándonos durante un tiempo. Cuando la melodía que nos arropaba se tornó demasiado tierna nos escapamos.

La luna y nuestro Manhattan particular nos acunaban junto al mar, con el murmullo de las sombras permitiendo confidencias. Yo necesitaba sentirme amada y tú no te rendías, pero mis artes malignas y la manzana del pecado -en forma de licor- surtieron finalmente su efecto. Y caíste, como Adán, ante su dulce veneno. Cuando el día despuntaba sucumbiste ante la culpa, arrepentido por quebrantar eternos mandamientos. Y huiste, sin mirarme, a tu inexpugnable atalaya para olvidar este encuentro.

Más yo, Eva sin principios, serpiente urdidora de mágicos ungüentos, luché contra tus soldados del miedo. Y vencí -sólo a medias- al maldito Lancelot que llevas dentro. Logré escalar esos muros tras los que rechazabas mi presencia y te redimí de una falta inexistente, recobrando una relación blanca, sin que esa noche se colara de nuevo en nuestros posteriores encuentros. El tiempo pulió y barnizó aquel episodio, que sólo existió por mezclar al cariño una gota de deseo, y conseguimos volver a ser los que éramos.

Hoy, siglos después de tan extraño descubrimiento, te reconozco diablo, dios absoluto, caballero andante y deseo sin forma. Ya no tienes rostro, ni pasado, ni siquiera sé si te conozco o te espero. Pero hoy, cuando tu pecado ya ha sido perdonado, el colgante de cristal hace que mi cuerpo sienta de nuevo que la calle respira fuego.

 

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